¡Chicos, preparaos para viajar a una época con más misterio, alianzas inesperadas y traiciones épicas que la serie Juego de Tronos… pero sin dragones! Bienvenidos a la Edad Media de España, el momento en el que se empieza a escribir de verdad la historia de lo que hoy es España.
Aquí no hay plataformas ni spoilers, pero sí reyes que coronan adolescentes, nobles que cambian de bando por un jamón bien curado, ciudades amuralladas que valen más que un ejército, monjes que copian libros como si fueran hackers del conocimiento, y todo ello con una trama en la que la expansión de los reinos cristianos frente a Al-Ándalus hace que esto parezca más una partida de ajedrez que un periodo histórico.
Y ojo, porque no es solo aventuras y espadas, también:
– Nacen las cortes y los primeros parlamentos europeos, donde los reyes tienen que escuchar al pueblo… bueno, a los que tenían tierras, pero algo es algo.
– La lengua castellana empieza a cobrar forma, y con ella se escriben las primeras leyes, crónicas y hasta salseos medievales.
– Se define quién manda sobre la tierra (y quién la trabaja) a través de señoríos, feudos, vasallaje…
– Se asientan las bases de nuestra organización política, económica y social.
– Se mezclan culturas, nace el arte románico, luego el gótico, universidades, comercio, burguesía… esto va cogiendo ritmo.
Así que sí, tranquilos: lo que vamos a estudiar no es un capítulo aburrido del pasado. Es el origen del mapa político, cultural, lingüístico y social de España. Si entendemos esto, entendemos TODO.
¿Listos para adentraros en la Edad Media? Ojo, que aquí no se gana con espadas, sino con curiosidad.
¿Por qué sigue importando la Edad Media?
Cuando pensamos en la Edad Media es fácil imaginar castillos, espadas y cruzados. Pero… ¿y si lo verdaderamente importante no fuera el pasado como escenario, sino el presente como espejo? ¿Puede algo que ocurrió hace más de mil años seguir marcando nuestra vida hoy?
Sí. Y mucho más de lo que parece.
Por ejemplo: ¿quién decide quiénes somos? En la Edad Media la identidad se construye a partir de la religión, la lengua y el territorio. Hoy seguimos haciendo lo mismo: ¿qué nos define más, la nacionalidad, el idioma, la cultura en la que crecemos? ¿Cuántos conflictos actuales nacen todavía de esa sensación de “nosotros” frente a “ellos”? No es una pregunta medieval. Es una pregunta de hoy.
¿Por qué se inventaron los parlamentos? ¿Por amor a la democracia? No. Se inventaron porque el rey necesitaba dinero para la guerra, y los que tenían dinero (nobles, clero, ciudades) solo lo daban si podían opinar. La Edad Media nos enseña algo incómodo: el poder empieza a compartirse no por idealismo, sino por necesidad. Y eso sigue ocurriendo. Las democracias modernas también funcionan gracias a equilibrios, pactos y presiones. No por casualidad.
¿Quién tiene poder? En la Edad Media, quien tiene tierra. Hoy, quien controla energía, datos, vivienda o tecnología. Cambian los objetos, no el mecanismo: tener recursos = tener influencia. Entender esto permite leer el presente con más claridad.
¿Se puede dominar a una sociedad usando el miedo? Antes, la peste, el infierno o el enemigo religioso. Hoy, el terrorismo, la pandemia, la crisis climática. El miedo no solo es una emoción: puede ser un instrumento político. ¿Cuándo el miedo nos protege y cuándo nos manipula? Si esta pregunta sigue siendo incomoda, es que seguimos viviendo como medievales más de lo que pensamos.
¿Las alianzas son morales o estratégicas? Un noble medieval jura lealtad… hasta que aparece alguien que ofrece algo mejor. ¿Y hoy? Los Estados, empresas o partidos cambian de bloque como piezas en un tablero. La Edad Media nos enseña que pocas veces se gobierna por afecto; casi siempre por interés. Y reconocerlo no es cinismo, es comprensión.
¿Mezclarse con otros debilita o fortalece? Al-Ándalus fue una potencia porque mezcló saberes. Las ciudades que comerciaban con “extranjeros” crecían más rápido. Con la llegada del integrismo almorávide y alhomade se debilitaron. ¿Por qué seguimos repitiendo el mismo debate hoy —cerrarnos o abrirnos— si la historia ha respondido mil veces? Porque cada generación vuelve a pensarlo desde cero. Y hay que hacerlo.
¿Y qué pasa cuando el mundo se rompe? La Peste Negra mató a un tercio de Europa… y provocó el fin del feudalismo: salarios, movilidad, cambios en la propiedad de la tierra. Una catástrofe que transformó el sistema. ¿Nos suena? Pandemias, crisis económicas, revolución tecnológica… ¿acaso no estamos viviendo nuestro propio cambio de era?
Por todo ello, la Edad Media no es un
capítulo muerto: es un laboratorio del presente. da pregunta que hacemos
sobre ellos… es una pregunta sobre nosotros.
Ahora toca reflexionar y debatir: ¿qué sabes sobre el voto femenino en España? ¿cuál fue la la postura dominante? ¿qué opinas acerca de ello? ¿entiendes las posturas en función de su época?.... Pregúntate y responde con bibliografía.
Las alucinaciones de Felipe V, el primer Borbón de España.
Felipe V “se creía rana” y “apenas se aseaba”: cómo el rey español más trastornado pasó a la historia como un gran monarca
El primer Borbón que reinó en España padecía fuertes depresiones y alucinaciones que la historia parece haber pasado por alto en más de una ocasión
ü"Una madrugada Felipe V quiso montar uno de los caballos que aparecían dibujados en los tapices del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, pues creía que eran tan reales como él mismo", reconoce el doctor en Historia Eduardo Juárez
üLlamaba la atención el fervor sexual del rey. El mismo que sentía por la religión y que le llevaba a vivir en constante contradicción, pues cada vez que tenía relaciones sexuales, algo que ocurría a menudo, sentía la necesidad de confesarse inmediatamente para desembarazarse del pecado que acababa de cometerç
üFelipe V murió a los 60 años entre enajenaciones y desvaríos a los que se sumaba una falta de higiene personal tal que cuando trataron de amortajarle al quitarle la ropa que llevaba puesta se iba también la piel
Felipe V llegó a pasar 15 días postrado en la cama del palacio del Buen Retiro afirmando a gritos que estaba muerto. Tal y como confirma Eduardo Juárez, doctor en Historia Moderna, lo repetía insistentemente con la intención de demostrarse a sí mismo que seguía estando vivo. El monarca fue el primer Borbón que reinó en España y vivía obsesionado con la muerte y la enfermedad: Estuvo 30 años asegurando a todo el que quería escuchar que fallecería de forma inminente ("es triste no ser creído, pero no tardaré en morir y se verá que tenía razón", le decía al cardenal Alberoni) y apenas comía porque decía que todo le sentaba mal.
El quinto Felipe de la historia española, nacido en Versalles en 1683, era maníaco-depresivo, se negaba a cortarse las uñas de los pies hasta que apenas podía caminar, dormía de día y reunía a la corte de madrugada. Tampoco quería cambiarse de ropa porque tenía miedo a ser envenenado a través de ella, no se dejaba asear y sufría delirios. "Una madrugada Felipe quiso montar uno de los caballos que aparecían dibujados en los tapices del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, pues creía que eran tan reales como él mismo" (Eduardo Juárez).
Creía ser una rana y negaba su condición humana
En otras ocasiones, el Borbón alucinaba creyendo ser una rana y como tal se comportaba en palacio. Croaba y brincaba por las estancias de La Granja negando su condición humana, pues estaba seguro de que carecía de brazos y piernas. Pero estos problemas no eran algo nuevo en la familia: su madre, María Ana Victoria de Baviera, sufrió fuertes depresiones que la llevaban a encerrarse durante días en sus aposentos sin querer ver a nadie y finalmente murió a los 30 años, cuando Felipe tenía solo seis.
Sin embargo, cómo trasciende un personaje al imaginario colectivo no siempre es un reflejo fiel de lo que realmente aconteció. A pesar de las escenas que el rey montaba en palacio de forma recurrente, logró tener muy buena prensa y ha pasado a la historia como un monarca reformador del Estado español y al que se le llamaba de forma benevolente El animoso. "Apenas se habla de que Felipe era demente, como tampoco se destaca que en el Tratado de Utrecht perdió todos los territorios españoles europeos", señala Juárez. La ddoctora en Historia Marina Alfonso Mola reconoce que se sabe muy poco de Felipe V, "un rey al que se le ha dedicado muy poco tiempo". La historiadora recuerda que fue el primer rey extranjero que tuvo España y eso se nota en el trato que le ha dado la historia. "Un ejemplo es que siempre se dice que la IIustración la comenzó su hijo Carlos III, pero la realidad es que fue él quien la inició", matiza Marina Alfonso.
Un rey incapaz de gobernar solo
Otro agravante que desembocó en sus salidas de tono es que al sucesor de Carlos II no se le educó para ser rey, y menos rey de España. "Siempre fue el segundón de sus hermanos y de pronto se encontró con una responsabilidad que le superaba, no se sentía capaz de estar a la altura y sufría por ello", anota Marina Alfonso. Tenía 17 años cuando, en 1700, cambió Versalles por la corte española solo y sin apenas hablar español. De ahí que el idioma que se hablara en la corte durante su reinado fuera el francés. "En La Granja todos los topónimos del jardín son palabras en francés adaptadas al castellano y tanto la abdicación como el codicilo de su testamento están escritos en ese idioma", apunta Juárez.
El primer Borbón de España fue un joven culto y abierto de mente, pero tenía serias dificultades para adaptarse. Su padre, Luis de Francia (hijo de Luis XIV), y su hermano Luis, murieron cuando él ya se encontraba en España. Estas pérdidas acrecentaron aún más la sensación de soledad y desamparo que tanto le angustiaba. "Felipe V tuvo tutores que le ayudaban a reinar porque las depresiones que padecía le impedían hacerlo. Estuvo rodeado de políticos muy capaces que terminaron gobernando por él. Felipe no quería ser rey de España, lo que quería era quedarse en Francia, por eso mandó construir La Granja, un palacio real al estilo francés donde pensaba retirarse en cuanto pudiera abdicar en su hijo Luis", explica a Icon el historiador.
Su fervor sexual le llevaba a confesarse constantemente
Además de sus manías y delirios, llamaba la atención el fervor sexual del rey. El mismo que sentía por la religión y que le llevaba a vivir en constante contradicción, pues cada vez que tenía relaciones sexuales, algo que ocurría a menudo, sentía la necesidad de confesarse inmediatamente para desembarazarse del pecado que acababa de cometer. "Le aterraba morir en pecado y, como se pasó media vida creyendo que se estaba muriendo, iba a misa a diario para que le absolvieran lo antes posible", afirma Juárez.
Felipe V se casó solo unos meses después de ser coronado rey de España con María Luisa Gabriela de Saboya, de quien terminó enamorándose con la misma obsesión que dominaba su existencia. La vida sexual del matrimonio fue ajetreada y juntos tuvieron cuatro hijos, pero en 1714 ella murió, con 25 años, a causa de la tuberculosis. Al poco tiempo de enviudar, el monarca se casó con Isabel de Farnesio, con quien tuvo siete hijos más. "El rey era muy activo sexualmente, pero muy fiel. No concebía mantener relaciones con otras mujeres que no fueran su esposa cuando se encontraba lejos de casa y se ofendía muchísimo si le ofrecían la posibilidad de hacerlo", explica Marina Alfonso Mola, que también incide en el hecho de que el Animoso fue el último rey español en ir a la guerra y dar ejemplo participando personalmente en una batalla. Precisamente durante los meses que pasaba fuera de palacio concentrado en estrategias militares su salud mental mejoraba y sus obsesiones y delirios -a los que se referían como "vapores"- apenas hacían acto de presencia.
Era ciclotímico: pasaba de no levantarse a una actividad sin freno
Sin embargo, cuando regresaba a la corte volvían sus miedos e inseguridades. Era ciclotímico: pasaba de ser incapaz de levantarse a llevar una actividad sin freno. Como explica Marina Alfonso Mola, el rey era muy responsable pero sentía una inseguridad absoluta que le paralizaba porque pensaba que se equivocaba constantemente en sus decisiones. A Felipe V le pudo una presión para la que nadie le había preparado en Versalles y su sueño no era otro que abdicar en su hijo Luis para poder retirarse a La Granja. "Él habría sido feliz siendo un noble sin ambiciones políticas", reconoce la doctora en Historia. Finalmente, logra apartarse de la corona en 1724, pero Luis I muere de viruela ocho meses después de acceder al trono, a los 17 años, y Felipe no tiene más opción que volver a tomar el mando. Aunque ya es tarde. A partir de entonces el rey nunca recobraría la cordura.
Le obsesionaba la muerte y no quería bañarse
"El rey está bajo una continua tristeza. Dice que siempre cree que se va a morir, que tiene la cabeza vacía y que se le va a caer. Y no es que tenga miedo de la muerte pues no la teme en absoluto pero le absorbe involuntariamente esta idea y no puede desprenderse de ella. Quisiera estar siempre encerrado y no ver a nadie más que las personas, muy pocas, a que está acostumbrado. A cada momento me manda a buscar al padre Daubenton o a su médico, pues dice que esto le alivia". En la biografía Felipe V, de Marina Alfonso Mola y Carlos Martínez Shaw, se recoge esta carta que envió el marqués de Louville, amigo y confidente de Felipe V, al canciller Torcy.
Las salidas de tono que sufría Felipe V tuvieron lugar, en más de una ocasión, en presencia de diplomáticos que las dejaron reflejadas en la correspondencia que enviaban. "Lo cierto es que es imposible tener una visión real de lo que le ocurría al rey porque tenemos que fiarnos de lo que otros decían", opina Mola. Lo que ha trascendido es que a los 45 años la locura del rey no tenía marcha atrás. Murió a los 60 entre enajenaciones y desvaríos a los que se sumaba una falta de higiene personal tal que cuando trataron de amortajarle al quitarle la ropa que llevaba puesta -y que durante tanto tiempo se negó a quitarse- se iba también la piel. "Tuvieron que momificarle. Es el único rey de España momificado, pero fue imposible hacer otra cosa con él", afirma Eduardo Juárez.
El motivo por el que su locura que no pasó a la historia
Como afirma Juárez lo más sorprendente del caso de Felipe V es que "su locura" no haya trascendido más. Como sí ocurrió, por ejemplo, y con menos motivos, con Juana I de Castilla, popularmente conocida como Juana la Loca. El historiador lo explica así: "Por motivos políticos y dinásticos, en el caso de Juana interesó que se la tomara por loca. Con Felipe, sin embargo, no convenía". Juárez recuerda que cada persona histórica es una caricatura asociada a un momento histórico (véase el caso de Carlos II,el Hechizado). Felipe V estuvo al frente de un proceso reformista borbónico en el que no encajaba un protagonista débil y trastornado, de ahí que para conocer los padecimientos que dominaron su azarosa vida haya que profundizar en la historia.
Temas Historia de España 2º Bachillerato. Tema 1: Las raíces históricas. Los pueblos prerromanos.
LOS
PUEBLOS PRERROMANOS
1.Los
pueblos peninsulares: iberos y celtas
Durante el primer milenio se fueron
conformando en la Península dos culturas distintas pero relativamente
interrelacionadas: la cultura celta y la cultura ibera. El contacto entre
ambos pueblos fue importante, lo que ha dado lugar a que a aquellos que habitaban
en la zona central de la Península se les haya denominado celtíberos.
A su vez tuvieron contacto con otros pueblos
europeos y de la zona mediterránea de los que importaron costumbres y formas de
vida y con los que mantuvieron un contacto casi continuo.
ØLos
celtas
Los celtas llegaron a la
Península en los inicios del primer milenio, procedentes de Centroeuropa, y se
asentaron en la Meseta norte y en el noroeste (Galicia, norte de Portugal,
Asturias). Aportaron numerosos avances técnicos a la zona, como el uso de la
metalurgia. Sus asentamientos más representativos fueron los castros.
Existe una dificultad
importante para el estudio de los celtas debido a la escasez de las fuentes.
Por esta razón, sus costumbres son bastantes desconocidas, tenemos sobre todo
referencias romanas, que los presentan con formas de vida muy primitivas. Es
generalmente aceptado que su sociedad se organizaba en tribus, hablaban lenguas
indoeuropeas y no conocían la escritura.
La dedicación principal
de los pueblos celtas era la ganadería, aunque también existían
poblados de agricultores.
También existen restos
arqueológicos que nos indican que fabricaban instrumentos toscos de cerámica,
telas y objetos de bronce.
ØLos
iberos
Los iberos estaban
asentados en el sur de la Península y en la costa mediterránea. Se trataba de
un conjunto de pueblos con muchas características comunes pero que nunca
establecieron ninguna forma de unidad política entre ellos. Poseyeron, eso sí,
una entidad cultural común muy destacable que se desarrolló especialmente entre
los siglos VII y II a.C.
La sociedad ibera era tribal
y estaba muy jerarquizada en función del poder económico y también del militar.
La casta guerrera fue muy importante, aunque nunca existió un ejército regular.
Los poblados
solían amurallarse y localizarse en zonas de fácil defensa.
Su economía se basaba en
la agricultura y la ganadería; establecieron también relaciones comerciales
profundas con griegos, fenicios y cartagineses, llegando a acuñar monedas.
Su organización política
estaba bastante desarrollada debido a la influencia del modelo de la ciudad-Estado,
traído por los fenicios y griegos. Cada Estado podía comprender varias ciudades
con sus territorios circundantes. El modelo político más frecuente era la monarquía,
es decir, el poder era controlado por un rey. En algunos casos se impuso un
modelo oligárquico[1].
En este caso, el grupo dominante controlaba el poder a través de distintas magistraturas
o, incluso, mediante un Senado en el que todos sus miembros
estaban representados, como ocurrió en Arse-Saguntum. No obstante, en la
mayoría de casos predominaba la monarquía.
Igualmente su desarrollo
cultural fue destacable.
§Conocieron
y utilizaron la escritura, expresión de una lengua común pero que se escribía
con diversos alfabetos. Actualmente su escritura puede leerse pero no
comprenderse.
§La religión
ibera presentaba un gran eclecticismo y recibió notables influencias griegas y
púnicas que se mezclaron con las creencias ancestrales de los iberos; los
santuarios en plena naturaleza fueron frecuentes, pero los templos urbanos eran
más escasos.
§El arte
ibero estuvo también muy influido por el de griegos y cartagineses.
Especialmente significativa es la escultura, en la que destacan obras como las
damas de Elche y Baza, la Bicha de Balazote, el guerrero de Moixent, etc. La
temática predominante fue la plasmación de figuras humanas y de animales, tanto
reales como imaginarias. Se trató de un arte figurativo en el que
predominaba la funcionalidad religiosa o funeraria. Estéticamente fue más
importante el detallismo que la calidad del conjunto.
ØLos
celtíberos
En la
zona de confluencia entre celtas e iberos –Sistema Ibérico, este de la Meseta,
Sistema Central– surgió una cultura con características peculiares procedente
tanto del mundo celta como del ibero: fueron los celtíberos. Mezclaban
elementos de ambas culturas, aunque predominaba el factor celta, y su grado
de complejidad social era también intermedio entre el primitivismo celta y la
mayor complejidad social de los iberos.
Los que
habitaban en las zonas llanas se dedicaban principalmente a la agricultura del
cereal, mientras que los que estaban instalados en las áreas montañosas optaron
en su mayoría por la ganadería.
Eran extraordinarios
guerreros, dotados, además, de una excelente tecnología armamentística
(la falcata ibera). Tanto cartagineses como romanos los incorporaron a sus
ejércitos.
2.Los
primeros pueblos colonizadores
Desde principios del primer milenio
antes de Cristo diversas potencias colonizadoras procedentes del Mediterráneo
oriental se asentaron en la península Ibérica. Las razones geoestratégicas y la
potencialidad económica del territorio fueron las razones de esta oleada
colonizadora.
§Los primeros que iniciaron la colonización de la
Península fueron los fenicios, pueblo mercantil
procedente del actual Líbano. Hacia el siglo IX a.C. fundaron la ciudad de
Gadir (Cádiz) desde donde se expandieron por el territorio de la actual
Andalucía y del sur de Portugal: Sexi (Almuñécar), Malaka (Málaga), etc. La
posición estratégica de la zona para las relaciones comerciales –entre el
Mediterráneo y el Atlántico y a un paso de África– así como la abundancia de
metales explican su interés por controlar estos territorios.
§Más tarde, hacia el siglo VIII a.C., llegaron los
griegos.
Fundaron algunos enclaves relativamente importantes en la parte norte de la
costa mediterránea peninsular: Emporion (Ampurias), Rhode (Rosas), etc. Desde
allí se establecieron en algunos puntos costeros (Hemeroscopeion, se supone que
situada cerca de la actual Denia, Mainake, cerca de Málaga). Su principal
objetivo era establecer relaciones comerciales para obtener metales, esparto,
aceite de oliva y sal.
§Ya en el siglo VI a.C. los cartagineses comenzaron a
controlar el sur peninsular, continuando el dominio que habían iniciado los
fenicios en esta zona y expandiéndolo hacia el este y el norte. Su colonización
tuvo primero un carácter de búsqueda de alianzas y pactos; pero, a partir del
siglo III a.C. cambió y adquirió los rasgos de una conquista militar. Para ello
fundaron una serie de emporios: Ebyssos (Ibiza) –de origen fenicio– Baria (en
Almería), Quart Hadasht o Cartago Nova (Cartagena), etc.
Todos estos pueblos
establecieron unas relaciones de tipo colonial con los pueblos peninsulares, es
decir, impusieron un dominio total sobre los territorios en los que se
asentaron y establecieron lazos comerciales con los pueblos vecinos. Pero
también actuaron como difusores de elementos culturales y tecnológicos más
avanzados; se difundieron así técnicas como el arado, la moneda, los modelos
urbanísticos, la salazón, el uso de metalurgia del hierro, etc.
ACTIVIDADES
REFLEXIÓN
1. ¿Por
qué es más avanzada la cultura ibera que la celta? Justifica tu respuesta.
2. Infórmate
y explica la diferencia entre “colonia” y “factoría comercial”.
[1]Oligarquía:
Forma de gobierno en la cual el poder político es ejercido por un reducido
grupo de personas que pertenecen a una misma clase social.